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Pocas deportistas representan tan bien la capacidad del deporte para transformar vidas como Patricia García. Exjugadora internacional de rugby, olímpica en Río 2016 y una de las grandes referentes del rugby español, ha construido una trayectoria que trasciende la competición para convertir el deporte en una poderosa herramienta de educación, liderazgo e impacto social.

Tras una brillante carrera deportiva, Patricia ha sabido reinventarse como emprendedora y líder de proyectos que conectan el deporte con la formación, la innovación, la transformación digital y el desarrollo humano. Desde PGR Digital, acompaña a organizaciones y profesionales en procesos de liderazgo, comunicación y transformación digital, mientras que a través de PGR ONG impulsa proyectos de inclusión social, educación en valores e igualdad de oportunidades utilizando el rugby como vehículo de cambio.

Recientemente, PGR ONG ha recibido el Sello Calidad Deportiva CD1010: Valores, Calidad, Ética y Buen Gobierno en el Deporte, otorgado por el Instituto de Calidad Deportiva (ICDE), iniciativa impulsada conjuntamente por el Instituto Internacional de Excelencia y Certificaciones Deportivas (IINS) y ADESP (Asociación del Deporte Español). Un reconocimiento que avala el compromiso de la organización con la excelencia, la transparencia, la mejora continua y la utilización del deporte como motor de transformación social.

Conversamos con Patricia García sobre su transición del alto rendimiento al emprendimiento, los proyectos que lidera actualmente y el significado que tiene para ella este reconocimiento.

Fotografía de Estrella Jover

Patricia, muchas gracias por acompañarnos. Después de una carrera deportiva extraordinaria, has conseguido construir una segunda etapa profesional con un enorme impacto social y empresarial. ¿Cómo viviste esa transición del alto rendimiento hacia el emprendimiento y qué aprendizajes del deporte siguen marcando hoy tu forma de liderar?

Creo que la retirada deportiva es uno de los momentos más complejos que puede vivir un deportista. Durante muchos años tu identidad está muy ligada al rendimiento, a los entrenamientos, a las competiciones y a un objetivo muy claro. Cuando eso desaparece, no solo cambias de profesión; muchas veces tienes que redescubrir quién eres fuera del deporte.

En mi caso, esa transición no fue inmediata ni sencilla. Hubo momentos de incertidumbre y de búsqueda, aparecieron miedos, ansiedad…pero también entendí que todo lo que había aprendido durante más de quince años en el deporte tenía muchísimo valor fuera de un campode rugby.

Hoy lidero igual que jugaba. Creo profundamente en el liderazgo colectivo, en construir culturas donde cada persona encuentre su lugar y entienda que su aportación es importante.
El rugby me enseñó que un equipo no funciona porque todos sean iguales sino por la diversidad; porque cada uno pone sus fortalezas al servicio del grupo.
También sigo creyendo en la perseverancia y la determinación como principios. En el deporte de alto nivel aprendí que los resultados nunca dependen solo del talento, sino de la constancia, de cuidar los pequeños detalles y de mantener el compromiso incluso cuando nadie te está mirando. Esa filosofía es exactamente la que intento trasladar hoy tanto a PGR Digital como a PGR ONG

Muchas veces se habla de la retirada deportiva como un momento complejo para los deportistas de élite. En tu caso, parece haber sido el inicio de una nueva etapa llena de proyectos. ¿Qué consejo darías a otros deportistas que se encuentran preparando esa transición hacia su vida profesional?

Les diría que empiecen a construir esa segunda vida mucho antes de retirarse.
Durante la carrera deportiva vivimos tan centrados en el siguiente entrenamiento o la siguiente competición que, muchas veces, olvidamos que el deporte tiene fecha de caducidad. Sin embargo, la persona permanece.

Yo siempre recomiendo formarse, tener curiosidad, equivocarse, conocer otros sectores y rodearse de personas diferentes. Es decir, no solo tener unos estudios, sino forjar relaciones autenticas, personales y profesionales fuera del deporte, tener tu red de apoyo y ‘tu otra parte’ un poco trabajada o cuanto menos identificada, que cuando acabes la carrera deportiva, no sea un salto al vacío, al menos en lo que hayas podido anticipar… Y, sobre todo, les diría que no piensen que empiezan de cero. Empiezan con una mochila llena de herramientas que muchas empresas buscan: capacidad de sacrificio, gestión emocional, trabajo en equipo, liderazgo, resiliencia o adaptación al cambio. Lo importante es aprender a traducir ese lenguaje deportivo al mundo profesional.

Hoy lideras iniciativas muy diferentes, desde PGR Digital hasta PGR ONG, pero todas parecen compartir un mismo propósito: utilizar el deporte como herramienta de transformación. ¿Cómo nace esa visión y qué impacto buscáis generar en las personas con cada uno de vuestros proyectos?

En realidad, para mí no son proyectos diferentes; forman parte de una misma manera de entender la vida. Siempre digo que el deporte nunca ha sido el fin. Ha sido el vehículo. En Río 2016 cumplí dos sueños. Competí en unos Juegos Olímpicos y, unos días después, fui a jugar al rugby con niños y niñas de las favelas. Aquella experiencia me cambió completamente la perspectiva. Entendí que el mayor valor del deporte no estaba solo en ganar partidos, sino en la capacidad que tiene para educar, generar autoestima, crear comunidad, vínculos y abrir oportunidades.

Desde entonces intento construir proyectos con ese mismo propósito.

En PGR ONG utilizamos el deporte y la cultura para generar inclusión social, educación en valores y desarrollo personal en contextos de vulnerabilidad. Y desde PGR Digital ayudamos a organizaciones a innovar, transformarse digitalmente y aprovechar la tecnología para generar más impacto.

Aunque parezcan caminos distintos, ambos parten de la misma pregunta: ¿cómo podemos aportar nuestro granito para ayudar a mejorar la vida de las personas?

PGR ONG trabaja con colectivos especialmente vulnerables utilizando el rugby como herramienta educativa y de inclusión social. ¿Qué historias o experiencias vividas en estos años te han reafirmado en que el deporte realmente puede cambiar vidas?

Podría contar muchísimas.

He tenido la suerte de compartir experiencias en hospitales, centros penitenciarios, favelas de Brasil, barrios vulnerables de Kenia, Marruecos, Chile o, actualmente, en la Cañada Real de Madrid

Y siempre ocurre algo parecido.

Cuando el balón empieza a moverse desaparecen durante un rato las etiquetas. Ya no importa el origen, la situación económica, la edad o las dificultades que tenga cada persona. Todos forman parte del mismo equipo.

Fotografía de Aljaz Babnik

Eso no significa que el deporte vaya a solucionar todos los problemas sociales. Sería ingenuo decirlo. Pero sí puede convertirse en un espacio seguro donde aprender a confiar, a respetar, a convivir y a descubrir capacidades que quizá nadie les había hecho ver antes y por supuesto, entrenar habilidades que nos sirven después para afrontar los grandes retos fuera del campo. Eso ya cambia vidas.

En paralelo, también has apostado por la innovación y la transformación digital a través de PGR Digital. ¿Cómo pueden hoy la tecnología, la comunicación y los entornos digitales ayudar a multiplicar el impacto social y educativo del deporte?

Todo ese compromiso con las personas, los valores y la mejora continua encuentra también un reconocimiento en la certificación de calidad.

Es importante decir que para nosotras, la tecnología no sustituye a las personas, sino que ayuda a potenciar su trabajo y definitivamente ayuda a optimizar su tiempo.

Vivimos un momento extraordinario para democratizar el acceso al conocimiento, conectar organizaciones, medir el impacto de los proyectos y llegar mucho más lejos de lo que antes era posible.

En PGR Digital trabajamos precisamente en eso: en utilizar la innovación y la transformación digital con sentido y adaptada a tu proyecto para que te rinda el mejor servicio. La tecnología tiene que estar al servicio de las personas y no al revés.

Cuando conseguimos que una aplicación facilite el acceso al deporte, que una plataforma ayude a formar entrenadores o que una organización pueda medir mejor el impacto social que genera, estamos multiplicando las posibilidades de transformación.

Recientemente, PGR ONG ha recibido el Sello Calidad Deportiva CD1010: Valores, Calidad, Ética y Buen Gobierno en el Deporte, otorgado por el Instituto de Calidad Deportiva (ICDE). ¿Qué significado tiene para vosotros recibir una certificación que reconoce precisamente aquellos principios sobre los que habéis construido vuestra organización?

Es un reconocimiento que recibimos con muchísima ilusión, pero también con mucha
responsabilidad.

Los valores no pueden quedarse en una presentación o en una página web. Tienen que estar presentes en la forma de tomar decisiones, de gestionar personas, de trabajar con transparencia y de relacionarnos con nuestros colaboradores. Recibir este sello significa que ese trabajo silencioso también se reconoce.

Nos recuerda que la excelencia no es un destino. Es un camino de mejora continua.

Tras recibir el reconocimiento afirmabais que «este logro nos impulsa a seguir trabajando con la misma pasión, responsabilidad y compromiso». ¿Cómo ayuda una certificación de este tipo a reforzar la confianza de colaboradores, administraciones, empresas y de todas las personas que forman parte del proyecto?

La confianza se construye con hechos.

Las administraciones, las empresas y las entidades sociales necesitan saber que detrás de cada proyecto hay rigor, transparencia y estándares de calidad.

El Sello Calidad Deportiva CD1010: Valores, Calidad, Ética y Buen Gobierno en el Deporte nos ayuda a acreditar que existe una forma de hacer las cosas basada en procesos de calidad y mejora continua. Además, es importante porque fortalece las alianzas y demuestra que se puede combinar impacto social con profesionalidad y búsqueda de la excelencia.

Si tuvieras que resumir en tres valores aquello que define a PGR ONG, ¿cuáles serían y por qué son tan importantes en el contexto social y deportivo actual?

Creo que los tres valores que mejor definen a PGR ONG son el trabajo en equipo, el respeto y la resiliencia.

El primero es el trabajo en equipo, porque es la esencia de todo lo que hacemos. No solo dentro de la entidad, con el equipo de profesionales y personas voluntarias que forman parte de PGR ONG, sino también con toda la red de entidades sociales, administraciones públicas, empresas y organizaciones con las que colaboramos. Los retos sociales son demasiado complejos para afrontarlos solos. Igual que aprendí en el rugby que nadie gana un partido por sí mismo, en el ámbito social tampoco se transforma una realidad sin sumar esfuerzos, capacidades y miradas diferentes.

El segundo es el respeto, que para mí está profundamente unido al compromiso. Respetar no es solo tratar bien a las personas; es entender la realidad en la que trabajamos, escuchar antes de proponer, comprender las necesidades de cada contexto y comprometernos a dar nuestra mejor versión para generar un impacto positivo. Ese compromiso nace precisamente del respeto hacia las personas y hacia sus historias.

Y el tercero es la resiliencia. Trabajamos con personas que, en muchas ocasiones, han vivido situaciones muy difíciles, incluso historias desgarradoras. Nosotros también atravesamos momentos complicados como organización, porque el ámbito social está lleno de retos e incertidumbres. En esos momentos es fundamental recordar por qué hacemos lo que hacemos y para qué lo hacemos. Volver al propósito es lo que nos permite seguir adelante con ilusión, aprender de las dificultades y continuar construyendo oportunidades para otras
personas.

Al final, esos tres valores no son solo los pilares de PGR ONG. Son también los valores que el rugby me enseñó y que intento aplicar cada día dentro y fuera del campo.

Para terminar, mirando al futuro, ¿qué nuevos retos e ilusiones tenéis por delante tanto desde PGR ONG como desde PGR Digital? ¿Qué legado te gustaría dejar a través de todos estos proyectos?

Nuestro reto es seguir creciendo sin perder nuestra esencia.

En PGR ONG queremos consolidar proyectos como Deporte&Valores Cañada Real, ampliar nuestra presencia en nuevos territorios y continuar demostrando que el deporte y la cultura pueden ser herramientas extraordinarias para la educación, la inclusión y el desarrollo personal.

Desde PGR Digital queremos seguir acompañando a empresas e instituciones en sus procesos de innovación y transformación digital, siempre desde una visión humana de la tecnología. Actualmente estamos muy centradas en la creación de aplicaciones móviles, la automatización de procesos y el desarrollo de agente de IA personalizados. Todo esto con un verifactu que llega en pocos meses y que todas las entidades deben incorporar con la facturación electrónica. Poner la tecnología al servicio.

Y, si hablamos de legado, me gustaría que no se recordaran tanto los títulos o los partidos. Me gustaría que, dentro de unos años, alguien pudiera decir que encontró una oportunidad gracias a uno de nuestros proyectos, que descubrió de lo que era capaz, que recuperó la confianza en sí mismo/a o que decidió ayudar a otros porque antes alguien le ayudó a él.

Para nosotras, ese es el verdadero éxito; no el que aparece en un palmarés, sino el que permanece en las personas. Como digo en mis conferencias para empresas, dejar la camiseta más alta que te la encontraste.

Patricia, muchas gracias por compartir con nosotros tu experiencia y por demostrar que el verdadero éxito del deporte no termina cuando finaliza la competición, sino cuando sus valores son capaces de transformar personas, organizaciones y comunidades. Desde el Instituto de Calidad Deportiva (ICDE), formado por el Instituto Internacional de Excelencia y Certificaciones Deportivas (IINS) y ADESP, queremos felicitaros de nuevo por este reconocimiento y agradeceros el enorme trabajo que realizáis para construir una sociedad mejor a través del deporte.

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